blog - artículos, entrevistas, reportajes y crónica de marta jiménez

CORDÓPOLIS






































No tengo ni idea de si el músico Fernando Vacas le ha contado a su amiga Marjane Satrapi la enorme expectación que provocó en Córdoba el estreno de “Persépolis”, la película que la iraní co-dirigió, basada en el exitoso cómic que escribió y dibujó. La cola para verla unió la Filmoteca con la Mezquita, y la mitad de los que soñaban con ver el maravilloso film de dibujos en blanco y negro, tuvieron que cambiar la gran pantalla por pasear alrededor del templo que un Obispo insiste en llamar catedral, recordándonos cada vez más a uno de esos ayatolas fundamentalistas que pueblan esta historia autobiográfica.

La ahora también directora de cine recibió 2012 en Córdoba. Se comió las uvas en el Juramento, en la casa-estudio de Vacas junto a su amiga y actriz María de Medeiros. Las dos ruedan una road movieprotagonizada por la portuguesa, en la que aparecerán las calles de Córdoba y en donde Satrapi ha decidido incluir escenas de su fiesta cordobesa de nochevieja. Medeiros está a su vez grabando en Eureka –el estudio de Vacas- parte de un disco llamado Tarjeta de viaje, en el que colabora Raimundo Amador y quecruzará del jazz al flamenco haciendo parada en el fado. La portada será de Mariscal y en el arte del disco está participando otro cordobés, Juan Clemente López.

Puede que Córdoba no alcanzase grandes sueños culturales, pero obra cada día pequeños milagros creadores. Que estas dos musas paseen por la ciudad, coman salmorejo en Bodegas Campos, beban champán en el Automático y se inspiren en una casa de la Corredera trabajando con artistas de aquí, ayuda a ponernos la autoestima cultural donde debe. Cuentan que cuando este grupo tan diverso como moderno se sienta a la mesa no puede parar de reír con la mezcla de francés, inglés y andaluz que construye su universo hablado. Una algarabía que tiene mucho que ver con esta ciudad. Todo ello me hace sentir que el año ha empezado algo más bonito.
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COLONIA PATRICIA





























Imitar es la mejor forma de elogiar. Córdoba emuló a Roma hace dos mil años manteniéndose al tanto de las novedades sociales, artísticas y políticas que ocurrieron en la ‘Urbs’ durante siglos. ‘Corduba’ fue una ciudad con ambiciones recompensada con el rango de provincia senatorial, un germen esencial que se expandió en la historia: no es casual que siguiese siendo capital de otros mundos durante 900 años. En ello están nuestras raíces, el primer estrato de nuestra historia por mucho que nos duelan los procesos de aculturación del antes, del después y del ahora.

Los magos de orienten nos han traído al comienzo de este año-abismo una gran exposición, tal vez la última en una época de tales características, llamada “Córdoba, reflejo de Roma”. Una invitación a disfrutar de la ciudad romana a partir del poder de sus imágenes. Un espejo retrovisor lleno de rigor arqueológico y explicado de modo asequible, que no sólo deberíamos convertir en una tarde de ocio cultural, sino reflexionar sobre cómo empezó todo. Como esta civilización explotaba el territorio extrayendo su riqueza de la agricultura, la ganadería o la minería; cuáles fueron sus señas de identidad en la vida cotidiana, su separación entre el mundo de los vivos y de los muertos o sus símbolos como centro de poder. De propina, veremos el puerto fluvial o el complejo tardorromano de Cercadilla en versión maqueta.

Como Lytton Strachey, pienso que la Historia es un Arte. En este trozo de ella tampoco debemos olvidar lo inmaterial. Según el investigador Antonio Monterroso “la calidad e influencia del pensamiento de los hombres de Córdoba es el verdadero reflejo de Roma”. Por si acaso, me he encomendado a la julio-claudia imagen de la emperatriz Livia como ‘fortuna’ o ‘abundatia’ (ahora en Orive, procedente de Iponuba–Baena pero con domicilio en el Arqueológico Nacional) para que el pensamiento de los habitantes cordubensis del estrato contemporáneo sea más avanzado, tolerante y libre. 

GÓTICO NAVIDEÑO























El gótico cordobés fue humanista. Por la tardanza en llegar y fundamentalmente, por el peso de una historia plural y multicultural en la ciudad. Sabido esto, el hecho de sumergir la Iglesia de la Magdalena en las aguas de un indiepop cándido y navideño, se nos antoja tan ilustrado y abierto como, salvando las leyendas del tiempo, llenar de elementos mudéjares un templo cristiano del siglo XIII.

La intervención contemporánea en la iglesia desacralizada -con su plus de oscura historia de ruina e incendios-, tuvo lugar el jueves en formato de concierto. La cita fue con Prin’Lalá, grupo formado por tres hermanas de voces angelicales y predicamento en el mundo independiente de la música española gracias a su padrino, el músico cordobés Fernando Vacas. Él llevaba años soñando con hacer de la Magdalena el territorio de su sueño navideño: un concierto del trío con espíritu de cuento tenebroso. Y el experimento cristalizó en la helada iglesia. Voces en latín, canciones de John Lennon, Tom Waits, villancicos populares y temas de musicales, todo ello mezclado con velas, incienso, capuchas negras, rosetones, bóvedas llenas de nervios y juguetitos electrónicos, junto a un piano de cola y una sección de cuerda. El tutti resultó una experiencia emocionante. Lo contrario a una pesadilla antes de navidad.

La santa descarriada presidió el acontecimiento desde el altar-escenario. Las cantantes, el repertorio y hasta algunos fallos técnicos que recordaban a las fiestas navideñas del cole, conectaron a los fieles que llenaban las tres naves con su niño interior. Por citar tres momentos: la galáctica versión de “El tamborilero”, con el porropompón de El Ramos, quien parecía Eduardo Manostijeras; apoteósico “Jesus blood never failed me yet”, con el gran Michael Thomas al violín y el contrabajo de Nuria Moreno; y de espíritu Von Trapp la versión en castellano de “My favourite things”, en el bis.

Un pequeño gran acontecimiento. Un concierto inconscientemente solidario con la necesitada cultura de la ciudad. Que el indiepop “ocupe” una iglesia no ocurre cada día en Córdoba. Ahí va un deseo dirigido a la Fundación Cajasur, que gestiona la Magdalena: si la diversidad ocupa espacios en la ciudad, esta capital seguirá siendo cultural. Feliz y esperanzadora Nochebuena.

DE TOROS Y AVIONES

¿

En serio que Córdoba es la ciudad que más ha contribuido al engrandecimiento de la fiesta nacional? ¿Que desde hace más de 500 años el toreo late en el corazón de los cordobeses? Todo eso afirmó con gran certeza el Presidente del Círculo Taurino en el coso de la democracia de la capital, el Pleno Municipal del pasado martes. Con ello justificaba lo que ninguna capital ni española ni francesa se ha atrevido a reclamar por muy taurina que se sienta: ser la primera ciudad que eleve a la Unesco que la Fiesta de los Toros sea Patrimonio Intangible e Inmaterial de la Humanidad.

Córdoba hará el paseíllo en una arena perdida de antemano, gracias a un acuerdo entre PP y UCOR que Ecologistas en Acción ya ha anunciado recurrir. Mucho me temo que será aquí donde suenen los avisos de la institución europea. Porque por mucho arte y raíces que tenga la fiesta, será muy difícil que un espectáculo que como proclama Vargas Llosa, también está “impregnado de violencia y crueldad” -a lo que añadiría de machismo-, y que además no goza de consenso entre la ciudadanía, sea patrimonio de todos. Para colmo, este anuncio es un agravio para la candidatura de los patios por mucho que su petición sea posterior. Un despropósito que nos perpetuará como eternos perdedores.

Barcelona también contribuyó al engrandecimiento de la fiesta y la prohibió. En Córdoba, si el toreo palpita en el corazón de los cordobeses no luce porque rara vez éstos llenan la plaza. Y eso que hubo tiempos no muy lejanos en los que se fletaban aviones para ir a México a ver a toreros candentes. Sólo por eso hay que proponer matar de un tiro a dos pájaros que nunca volarán: Que ese signo de la decadencia llamado el avión cultural no se quede sin uso y se convierta en contenedor de la oficina de la candidatura taurina. Y ole.