blog - artículos, entrevistas, reportajes y crónica de marta jiménez

DRAMA QUEEN

Falete llegó conduciendo su coche hasta Córdoba. A las 11.11 pudo contarlo desde el escenario de La Axerquía: “Me he sacado el carnet”, reveló una vez finalizado el episodio del reality televisivo en el que participa y que se emitía esa misma noche, las del viernes. A lo que una de las entregadas le soltó de lo más encendida: “Falete, llévame en el coche”. Pero no fue sobre ruedas cómo nos condujo el cantante a los territorios más desgarrados de la existencia, sino a través de una tragicomedia verdaderamente inenarrable. Falete es un huracán que debe arrasar, al menos una vez, la vida de cualquiera. Igual que la prensa americana decía de Lola Flores, no se lo pierdan.

Maquillaje, rímel, uñas postizas, moldeador y pasador en el pelo, botas de tacón y un poncho de Manila multicolor, que recordaba a su admirada Chavela, para poner en escena una primera parte llena de boleros y baladas apasionadas. Aunque daba igual el género, todo lo que tocó lo convirtió en copla. Ahí estuvo “Tengo miedo” que levantó al público en emocionada ovación a la segunda canción porque no se puede cantar mejor. Lo de Falete no es ninguna broma y verlo sobre un escenario es comprobar que la copla es la verdad de la vida. Al menos de la suya. Él se cree lo que canta, lo que cuenta y lo que interpreta, convirtiendo cada tema en micro-óperas flamencas, en autobiografías de tres minutos. Se da golpes en el pecho depilado, mueve el abanico, mira a los ojos de la platea y se quita el micro de la boca para cantarle a pelo al teatro al aire libre con un torrente que llega a la cima de la Colina de los Quemados. Sin trampa ni cartón, Falete es lo que parece. Una diva de la copla que innova sin intentarlo desde el flamenco queer con Lola Flores, Rocío Jurado y Bambino como dioses de su tablao de la gloria.

“¡Pareces una mora de Córdoba!”, le gritó otra del respetable en el primer cambio de vestuario, cuando apareció Falete de rojo con lentejuelas. Mientras tanto, nos había bailado un talentazo joven llamado José María Viñas y tras él, el cantante siguió con sus amores y penas “de las güenas”, dedicándole cariño a su anfitrión en Córdoba, el maestro Mondejar y desmigando un repertorio que acudió muy poco a sus discos. Con “empaque de emperaora” se despidió de negro con “Ay pena, penita, pena”, deconstruyendo ese microcosmos tan auténtico de pluma gitana y grandeza absoluta.

ALEGRÍA, ARTE, BELLEZA





























Erase una mujer a una peineta pegada, érase una peineta superlativa, la peineta infinita que nunca para de evolucionar. Martirio nació con la llegada de la primavera, justo el Día de la Poesía. Por eso vino el sábado a cantar a poetas iberoamericanos a Córdoba. A rendirse ante el amor profundo, el amor ardiente, el amor tirano, como decía Góngora. El teatro que lleva el nombre del poeta a una nariz pegado sirvió de caja acústica y decorado para la cantante onubense. Aunque el verdadero amor, al público, a las canciones y a la vida lo regaló ella en plena jornada de reflexión.

Con los terremotos emocionales que la cantante lleva a cuestas y un auditorio con buen oído para el verso, Martirio reivindicó la poesía como pan para el alma paseando con su inquebrantable voz por Chile, Uruguay, México, Cuba, Lorca o Calderón al son de una guitarra, un piano y un tres cubano. Las manos de Jesús Lavilla mecieron las teclas en clave jazzística y Raúl Rodríguez rasgó el aire con sus guitarras por las composiciones de José María Vitier. Contra este tiempo terrible para la gente sensible repartieron su receta: alegría, arte y belleza. Con un invitado estrella, Vicente Núñez –quien fue amigo de la cantante vía Ginés Liébana– y un homenaje al aguilarense en A lo divino recordamos que habiendo arte no nos vamos a amargar nunca.
El buen hacer de la artista, su impecable forma de decir los textos, de cantarlos, su voz serena, imprimiendo a cada estrofa la justa intención y su gracia al dirigirse al respetable desembocaron, cómo no, en coplas. Esos recuerdos del pasado con olores y paisajes, un tesoro de la música popular que Martirio ha acoplado tan bien a su repertorio, descubriéndolo a una generación que no creció ni con Marifé de Triana ni con la Piquer.
Qué bien cuenta La bien pagá y cómo se desnuda y se desdobla en Ojos verdes . Las sonrisas volvieron con esas sevillanas que sólo ella sabe bordar, Las mil calorías y con el pasodoble Compuesta y sin novio . Y para acabar, un tango rioplatense: Volver , que es...

FUEL POLÍGONO









































Qué te parece Fuel Fandango, pregunto a mi acompañante al concierto camino de Chinales. “Una cosa mu rara”, responde. El sabio adjetivo sintetiza una conquista sonora. La invención de un sonido nuevo –¡en estos tiempos!– que conecta a una coplera soul con bases electrónicas de gran finezza . Escucharlos es dejar que la vida te sorprenda y verlos en concierto un escalón más. La gasolina de su directo volvió a repostar el viernes en la tierra de Nita, el fandago de este fuel, con un concierto en la sala Metrópolis en el que el nervio de su puesta en escena compensó los nervios de un sonido problemático. Misterios indescifrables de la tecnología.
Abanicos y flores. Sonido de fandango en el que se cruza una base drum and bass . Nita, cordobesa y con media familia en la sala la noche del viernes, aparece en el escenario con un look mitad geisha mitad pin up . El estilo de la cantante es una metáfora del propio sonido del dúo, mezclas de tocino y velocidad que funcionan como si siempre hubieran formado parte del universo. Puede que ese sea la clave de que no cupiera un alfiler ni en Córdoba ni en la Caracol de Madrid hace unos días. El canario Ale –exMojo Project– y la cordobesa pertenecen a la generación inmediatamente posterior a aquella que tuvo amnesia del flamenco. Y aunque seguro que ellos también fueron bombardeados con música anglosajona desde pequeños, han pasado de rebelarse contra lo que escuchaban sus padres y abuelos. Simplemente han cruzado aquello y esto como si fuera la cosa más natural del mundo. Se han sacudido los complejos y lo han visto claro. El resultado es algo nada impostado que nació con vocación underground y...

ARIZONA BABY


























Confieso que sucumbo cada vez que escucho la suntuosa voz de Howe Gelb en el ‘iPod’. Proclamo que me pareció un buen augurio que hace dos años el norteamericano, acompañado de una ‘Band of gypsies’, presentara en la Posada del Potro su experimento “Alegrías” –una nueva mutación del flamenco ‘made in Córdoba’, transición entre tradición y evolución-, llenando con su voz un futuro centro del flamenco aún vacío. Nada es casualidad. La antigua posada está situada frente a la que fue casa de Julio Romero, pintor del cuadro que ilustra y da nombre al trabajo más andaluz de Gelb. El músico  cerró el círculo el pasado jueves poniendo el punto y final a su gira internacional en un helado teatro Góngora (los recortes parecen haber llegado a la calefacción de los espacios municipales) que caldeó con palmas, guitarras y con los mordiscos de su voz.


Esta vez lo acompañaban menos ‘gypsies’ que al principio y faltó el maestro Raimundo Amador, así que el concierto transitó más por el desierto de Arizona...