blog - artículos, entrevistas, reportajes y crónica de marta jiménez

Orive

Sería en 1996 la primera vez que entré en la sala capitular de Orive. El actual jardín aún no existía como tal, era un solar encerrado en la manzana de san Pablo, a la espera de ser liberado de las eternas garras de la iglesia y la nobleza. Nos dejaron pasar porque éramos alumnos de la primera promoción de Historia del Arte de la UCO (¡un beso a todas!). Recuerdo que ni uno solo de nosotros dejó de alucinar al descubrir aquel espacio desconocido. Unos muros sólidos, renacentistas y sin techo, que albergaban una selva de jaramagos. En ellos había hornacinas, heridas de andamios, ventanas y una gran grieta. Nos contaron que se trataba una obra de Hernán Ruiz II. Del siglo XVI. Que estaba destinada a ser la sala capitular del convento de San Pablo. Y que nunca se terminó. Que su gran grieta la abrió el terremoto de Lisboa. Alguna voz se alzó diciendo que menudo discotecón se podría hacer allí. La edad.

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“¿Por qué hemos de ir siempre al teatro para ver lo que pasa y no lo que nos pasa?”

 ‘La correspondencia personal de Federico García Lorca’, de Juan Carlos Rubio, recorre la vida, la obra y los estados de ánimo del poeta de forma fascinante

“No voy a abrir el telón para alegrar al público con un juego de palabras, ni con
un panorama donde se vea una casa en la que nada ocurre y a donde dirige el
teatro sus luces para entretener y haceros creer que la vida es eso. No. El poeta, con todos sus cinco sentidos en perfecto estado de salud, va a tener, no el gusto, sino el sentimiento de enseñaros esta noche un pequeño rincón de realidad”. Así comienza la Comedia sin titulo, obra de la que Federico García Lorca dejó un acto terminado antes de morir.

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