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La columna de Góngora se oculta tras el carnaval turístico

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La columna de Góngora se esconde tras el ‘discreto’ cartel del menú de una taberna de la Judería | MADERO CUBERO

Un cartel comercial tapa a diario la columna que el pintor Miguel del Moral rescató de la casa de Luis de Góngora en la plaza de la Trinidad e instaló en su estudio de la Judería

 El pintor e ilustrador de Cántico Miguel del Moral rescató a principios de los años sesenta una columna de la casa de Góngora en la plaza de la Trinidad. Cuando las palas del desarrollismo asolaron la última morada del poeta del Siglo de Oro, el pintor se hizo con una de las columnas del patio de don Luis y la puso en guardia de su estudio, en la calleja de la Hoguera. En su fuste mandó labrar: “Soy de don Luis de Góngora. Año 1627”.

LA CIUDAD DE LAS MUSAS










































Si alguien sintiese este otoño que Córdoba es un páramo cultural debería caerle el catálogo de ‘Góngora, la estrella inextinguible’ en la cabeza. Que dicha exposición, inaugurada en mayo en la Biblioteca Nacional, habite por unos meses en la sala Vimcorsa y el Centro Espaliú resulta un acontecimiento tan gozoso como que el polvo de las calles que pisó el príncipe de los poetas pertenezca a nuestro subsuelo: por las obras que contiene -y eso que el famoso retrato de Velázquez que cuelga aquí es una copia anónima- además de por la extraordinaria bibliografía gongorina que recoge. El plan es que en este otoño negro podamos cruzar desde la realidad ordinaria al extraordinario mundo paralelo que ofrece el poeta. Un universo escrito con un código de señales que subliman lo insignificante.
Invito a que la exposición sirva de paso para recordar cómo Córdoba continúa siendo una confluencia de amores, odios y literatura. Góngora fue transportado del infierno a la gloria 300 años después de su muerte, cuando la vanguardia lo convirtió en vanguardia por haber cambiado el curso de la poesía. Antes, el enemigo había echado al autor de ‘Las Soledades’ de las antologías, las enciclopedias y de la historia. Lo triste es que dentro de estos laberintos el desprecio de sus semejantes siga siendo el destino de muchos grandes poetas.

LA BURLA INEXTINGUIBLE












“Opinar acerca de un escritor clásico es cosa fácil”, decía Cernuda. Lo sostienen siglos de valoraciones. A ello habría que añadir que en ciertos lugares, hay clásicos que son opinables aunque no se hayan leído, como ocurre en Córdoba con Góngora. En su ciudad, don Luis tiene que conformarse con ser un personaje ilustre que sirve para nombrar una calle de ‘shopping night’ sin que durante cuatro siglos se haya creado una sola institución que gravite en torno a su figura. El poeta –considerado el mejor de los españoles por Harold Bloom– tendría que haber sido un escritor o artista menor para que esto ocurriese. Y a eso se le llama miopía hiperlocal. O, más bien, una burla.

Sobre Góngora prevalecen las leyendas urbanas y la ignorancia frente a unos pocos que han querido aprender su idioma en las calles donde volaban de mano en mano sus manuscritos en el XVII. A pesar de ello, la muestra en la Biblioteca Nacional ‘Góngora. La estrella inextinguible (-)’ y la revelación de un texto inédito, escrito de su puño y letra, emergen como un acontecimiento gigante. Un refugio gozoso en una semana de desmoronamiento general. Pensemos en la que se hubiese liado en cualquier otra ciudad que considerase a Góngora algo suyo con semejante noticia. Aquí, habrá que ponerle velas a su retrato de Velázquez para que ningún político...

CIBERGÓNGORA

Tienen algo en común la poesía de Góngora y la ciberpoesía: ambas supieron tomar su propio camino en el momento adecuado. Este es el punto de partida de “Soledades 2.0. No moderno artificio”, unas jornadas que desde el próximo jueves y cerca de donde nació Luis de Góngora y Argote el 11 de julio de 1561, el Centro Pepe Espaliú, cruzarán a Góngora con la tecnología. Porque tal vez sea ésta la que pueda poner al autor culterano en el siglo XXI, tal y como la Generación del 27 lo situó en el siglo XX.

Creadores digitales, expertos en la obra gongorina, escritores y videojockeys llevarán al píxel el verso. Durante tres días, a partir de talleres para adolescentes, una exposición digital, debates y performances, se mostrará cómo la tecnología puede redimensionar la palabra. Igual que Góngora redimensionó el género poético.

Muchos piensan que las Soledades habría sido el mejor de los poemas si don Luis lo hubiese terminado. La primera cuenta como un joven náufrago llega a la playa de una isla, es recogido por unos cabreros y termina asistiendo a una boda. Con un lenguaje tan complejo como el de la ciberpoesía, el protagonista se siente tan solo y perdido como un internauta ante el ordenador. En constante búsqueda. Además, con su alabanza de aldea y menosprecio de corte, Góngora sabe ennoblecer lo periférico sobre los centros de poder.

Para iluminarnos puede estar bien acudir a Dámaso Alonso y a su edición crítica de las Soledades, con una paráfrasis explicativa del poema. De otra dimensión fue el acercamiento del dúo Hidrogenesse a la Fábula de Polifemo y Galatea, rompiendo los esquemas de quien pensara que Góngora podría ser de todo menos pop. Pero ese es otro poema.

El de aquí y ahora es que comienzan las celebraciones del 450 aniversario de nacimiento de Góngora en su ciudad, un lugar en donde al poeta se le conoce de la forma menos barroca: por un cuadro atribuido a Velázquez y por una estatua en la plaza de la Trinidad. ¿Qué si lo rescatará la tecnología? Veremos.