blog - artículos, entrevistas, reportajes y crónica de marta jiménez

RETRATOS


Un retratista del FBI ha demostrado que las mujeres se ven menos bellas de lo que en realidad son. El experimento pertenece a la campaña de publicidad de una marca cosmética en donde dicho retratista hace primero un retrato a ciegas, basado en cómo se describe la retratada, y luego otro desde su propia mirada con la mujer posando para él. El resultado dice mucho de las pautas de autoestima femeninas, pero no entraré en ese jardín si no en otro. Si dicho ensayo lo extrapoláramos a cómo ven los habitantes sus ciudades, a Córdoba, por barrer para casa, sin detenernos en su surrealista salón de plenos o en sus casposos poderes fácticos si no en su vida cultural, ¿qué clase de retrato proyectaríamos?

Mucho me temo que el resultado diferiría bastante de cómo nos ven desde fuera. Y es que pesa toneladas el hecho de estar más condicionados de lo que creemos por factores externos, además de que la comparación con lo que ocurre en otras ciudades no solo nos influye, si no que nos arrastra. Y todo apunta al maldito centralismo cultural como culpable.
Pongo un pequeño y cruel ejemplo de cómo se fomenta el daño a la autoestima cultural de cualquier ciudad. Aun ocurre que las obras teatrales suelen estrenarse en las “provincias” (aborrecible término) para llegar a Madrid y Barcelona ya rodadas. Una manera de considerar al espectador de estos lugares de segunda o de tercera regional, por supuesto. Esto es extensible a otros campos culturales que llevan a lo mismo: a que lo mejor solo ocurre en   las ciudades elegidas. Un anacronismo en unos tiempos de trama cultural diluida. Hoy cualquiera puede hacer cualquier cosa en cualquier lugar con similar impacto a si lo hiciera en un centro cultural. Quién mejor expresa el desprestigio de la cultura es el sociólogo Bauman que alude a la búsqueda de la identidad como la tarea y la responsabilidad vital del sujeto, y esta empresa de construirse a sí mismo constituye la última fuente de arraigo. Así que automirémonos como merecemos.

ERRORES



“El que sigue la tradición, acierta; fracasa el que se entrega a las novedades”. La cita es de un alfaquí andalusí llamado Abu Ibrahim quien resolvió una compleja disputa en su época, la de Al-Hakam II en el siglo X. El califa valoró al realizar la segunda ampliación de la Gran Mezquita rectificar la qibla (el muro del mihrab) porque estaba mal orientada desde el principio en unos 45 grados al sureste. El templo, en vez de mirar a la Meca como es preceptivo en el Corán, lo hacía y aún lo hace hacia algún punto del desierto del Sahara. La polémica se zanjó con esa frase que nos ha marcado como ciudad y con una Mezquita desorientada.
Hacia donde debería mirar nuestro gran templo se puede comprobar estos días en el primer patio de la cercana Casa Árabe. Allí, la artista kuwaití-puertorriqueña Alia Farid ha realizado una intervención en la que se han sembrado varios maceteros-siyadeh: alfombras para rezar hechas de flores y plantas aromática, orientadas a la Meca, que acabarán instaladas en espacios verdes de la ciudad.
Pero aun más espléndida que esa transformación del acto de rezar en jardinería es el error del que provienen. Cuando Alia llegó a Córdoba paseó por la ciudad sin mapas ni indicaciones. Junto a la fachada suroeste de la Mezquita, frente al Palacio Episcopal, vio en el suelo las marcas arqueológicas que señalan donde estuvo el sabat, el puente-pasadizo por el que el califa llegaba a la Mezquita desde su alcázar sin pisar la calle. Ella las confundió con siyadeh, alfombras de rezar por la forma que tienen, y pensó que eran intervenciones de algún artista público por el hecho de que en la Mezquita no se permite rezar a los musulmanes. Sus maceteros acabaron teniendo la forma de un vestigio y no la de un guiño contemporáneo a otra cultura que nos construyó y de la que hoy muchos abominan. Tanto, que en una de las habitaciones del antiguo sabat, ya dentro del muro de la qibla, han construido un cuarto de baño público.

MARIANO 2016



“Hemos perdido la batalla política, pero podemos ganar la del Derecho”. La cita es del jurista Mariano Aguayo, nuestro particular Erin Brockovich. El hombre que en julio de 2011 denunció la “injusticia del 2016” ante la justicia española. Hago constar que fue el propio abogado quien escribió en este periódico que la película de Soderbergh, sobre una aguerrida abogada de ideales tan altos como sus tacones, es una de sus favorita. Reconozco que el recurso me pareció en su día muy inocente en ese momento de pérdida colectiva de la inocencia y con tan pocas posibilidades de prosperar, por aquello de enfrentar al David andaluz contra el Goliat europeo, como la economía de la ciudad. Pero tras el último giro de guión de este sainete capitalino, ya todo me parece posible.
Opino que dicho recurso es tan constatable -en ningún tribunal del mundo puede haber alguien que sea juez y parte y a Córdoba la examinó una curia con un jurado que también era parte- como imposible es el hecho que las instituciones culturales europeas asuman las irregularidades que hubo en el proceso de selección de la ciudad española que será Capital Europea de la Cultura en 2016. Pero ahora el Tribunal Supremo entiende que la justicia española es competente para abordar la impugnación del proceso, a lo que se oponía San Sebastián, y queda saber si será finalmente el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) el que resuelva si hubo alguna irregularidad en el proceso, tal y como defiende el Ayuntamiento de Córdoba.
Si finalmente es el TSJM, que en un principio recordemos que se declaró incompetente, al igual que la Audiencia Nacional, para dirimir el asunto, everything is possible. Tengo ese presentimiento. Así que pudiera ser que la batalla jurídica vuelva a ser política y que todo se emponzoñe aun más de lo que está. O bien, que acabaran demostrándose dichas irregularidades y Córdoba restituyera su dignidad además de ganar una indemnización por daños y perjuicios. Eso sí, pase lo que pase Donosti será Capital Cultural de Europa en 2016, justo el año en que se estima que haya 50.000 parados en Córdoba.

CELULOIDE

Eduard Fernández y María Morales en una escena de ‘Todas las mujeres’

En esta semana de desastres sobre capiteles y capitales culturales, por no citar demás dramas y tragedias, solo se me ocurre apagar la luz y que me iluminen algunas películas. Soy consciente de que con nuestro cine nunca seremos capital de nada -aclaro que «nuestro cine» no existe- y que tampoco habrá expolio cinematográfico porque no se puede saquear lo que se ignora.
Pero como Dios aprieta pero no ahoga, Córdoba ha logrado encender algunas lucecitas de celuloide durante el Festival de cine español de Málaga. La primera la prendió el martes Marisol Membrillo, protagonista femenina de la película de El Terrat, ‘Somos gente honrada’, en el rol de ama de casa y esposa de Paco Tous. La actriz hace un trabajo lleno de verosimilitud y matices en esta comedia dramática sobre paro y cocaína. Pero la gran sorpresa nos la hemos llevado con María Morales interpretando un papelón en la maravillosa ‘Todas las mujeres’ de Mariano Barroso, fuera de concurso, donde se mide de tú a tú con el gran Eduard Fernández. Un detallito: ambas actrices se formaron en la ESAD de Córdoba.
Por último, la provincia ha estado presente como escenario de cine en ‘La Mula’, que más allá de las localizaciones y el acento de Mario Casas y María Valverde, esta última con habla cordobesa, la película antes dirigida por Michael Radford está ambientada en la batalla de Valsequillo (enero del 39), una de las últimas de la Guerra Civil. La historia que cuenta, lejos de sectarismos, es sencilla y universal: la de un soldado en el frente de Córdoba. La película posee una triste intrahistoria más allá del abandono de su director, con paralizaciones y acusaciones de censura al gobierno de Zapatero por el hecho de contar la historia, que bien podría ser la de nuestro padre o abuelo, de un cabo del bando nacional. Un asunto lamentable que ha vuelto a recordarnos lo lejos que aún estamos de cerrar heridas y lo vigentes que continúan las dos españas.