blog - artículos, entrevistas, reportajes y crónica de marta jiménez

LA COLMENA (I)







































El edificio antes conocido como C4 –nacido como una panal blanco a esta orilla del Guadalquivir- representa, como en la novela de Cela, la colmena de una ciudad que vive “una mañana eternamente repetida”. Hasta llegar a su tecnológica fachada-pantalla se partió de una secuencia geométrica muy sencilla “con la que se consiguen múltiples variaciones”, en palabras de uno de sus arquitectos, Enrique Sobejano. Lástima que esta teoría arquitectónica aun no se haya aplicado al contenido y al uso que tendrá el edificio.

La lucha porque la colección Citoler se quede a vivir en Córdoba ha sido muy estimulante durante los últimos años, pero mucho me temo que ahora carece de sentido al haberse configurado, para bien o para mal, una nueva época. Si concebimos como un disparate los 20 millones de euros invertidos en este edificio de futuro ¿cultural? incierto, no se debería cometer otro invirtiendo un pico que no tenemos en una colección de arte. Nos corresponde sustituir las lluvias de dinero de ayer por conductas más innovadoras y sostenibles. Y no es de recibo que en esta realidad sin fondos para mantener la sala de Puerta Nueva, en donde precisamente se exponían los premios de fotografía que llevan el nombre de Pilar Citoler, se invierta el dinero que no existe en las obras de arte de la coleccionista. Además, está demasiado cerca, salvando las distancias, un caso de características similares: el del ambicioso Museo Carmen Thyssen de Málaga. Una colección, con su correspondiente museo en el centro de la capital, que ha defraudado por su recorte de calidad expositiva, por una tibia acogida y una opaca gestión que ahora suma la desconfianza en una baronesa sin cashque pretende recuperar el uso de sus cuadros antes de lo que prometió.

LA BURLA INEXTINGUIBLE












«Opinar acerca de un escritor clásico es cosa fácil», decía Cernuda. Lo sostienen siglos de valoraciones. A ello habría que añadir que en ciertos lugares, hay clásicos que son opinables aunque no se hayan leído, como ocurre en Córdoba con Góngora. En su ciudad, don Luis tiene que conformarse con ser un personaje ilustre que sirve para nombrar una calle de ‘shopping night’ sin que durante cuatro siglos se haya creado una sola institución que gravite en torno a su figura. El poeta –considerado el mejor de los españoles por Harold Bloom– tendría que haber sido un escritor o artista menor para que esto ocurriese. Y a eso se le llama miopía hiperlocal. O, más bien, una burla.

Sobre Góngora prevalecen las leyendas urbanas y la ignorancia frente a unos pocos que han querido aprender su idioma en las calles donde volaban de mano en mano sus manuscritos en el XVII. A pesar de ello, la muestra en la Biblioteca Nacional ‘Góngora. La estrella inextinguible (-)’ y la revelación de un texto inédito, escrito de su puño y letra, emergen como un acontecimiento gigante. Un refugio gozoso en una semana de desmoronamiento general. Pensemos en la que se hubiese liado en cualquier otra ciudad que considerase a Góngora algo suyo con semejante noticia. Aquí, habrá que ponerle velas a su retrato de Velázquez para que ningún político o...

UN BAÑISTA



El hombre río se mecía tranquilamente flotando sobre las aguas del Guadalquivir. El bañista –la nueva escultura espontánea de Miraflores, ese lugar- es su antítesis: está en tensión, activado y pillado justo en el momento de lanzarse al agua, sin importarle si el río lleva mucha o poca. Ambas acciones artísticas son la metáfora de una ciudad en dos tiempos. Las dos esculturas conforman la repuesta del arte callejero a la parte más institucional y alejada de la realidad de esta ciudad. La que prefiere coronar vírgenes y entregar trofeos de dominó (ambos actos en la agenda de los políticos este fin de semana), antes que pisar el suelo real de 2012.


Como el bañista, Córdoba puede vestir un traje de baño de principios del siglo XX, pero irremediablemente ha tomado la decisión de tirarse a un agua que quién sabe dónde la arrastrará. Baste ver a los estudiantes esta semana tomando el Ayuntamiento, encerrarse en Filosofía y Letras o la actitud ciudadana de Córdoba en el aniversario del 15M. Nino y Javi, los dos hermanos argentinos papás de este bañista hiperrealista, se introdujeron en Córdoba hará unos diez años pintando murales en casas de la Magdalena. Desde entonces, han mirado a la ciudad con sus ojos del otro lado del charco y no han podido dar más en el clavo, por mucho que su pretensión no fuera esa.

El bañista está hecho de poliéster y poliuretano, pero posee una base de hierro. Como Córdoba. Reconstruida con espuma y plástico aunque con un subsuelo físico y espiritual que es cuna del humanismo Europeo. La ciudad ya le ha cogido cariño, puede que por su frescura ante el calor, aunque el temor está en que, como la escultura, Córdoba se quede congelada como en otras tantas ocasiones. Eso sí, quién más miedo ha demostrado es el alcalde queriendo encerrar al bañista en un museo o similar. Justo por lo que éste se ha revelado tan simbólico.

ARIZONA BABY


























Confieso que sucumbo cada vez que escucho la suntuosa voz de Howe Gelb en el ‘iPod’. Proclamo que me pareció un buen augurio que hace dos años el norteamericano, acompañado de una ‘Band of gypsies’, presentara en la Posada del Potro su experimento “Alegrías” –una nueva mutación del flamenco ‘made in Córdoba’, transición entre tradición y evolución-, llenando con su voz un futuro centro del flamenco aún vacío. Nada es casualidad. La antigua posada está situada frente a la que fue casa de Julio Romero, pintor del cuadro que ilustra y da nombre al trabajo más andaluz de Gelb. El músico  cerró el círculo el pasado jueves poniendo el punto y final a su gira internacional en un helado teatro Góngora (los recortes parecen haber llegado a la calefacción de los espacios municipales) que caldeó con palmas, guitarras y con los mordiscos de su voz.


Esta vez lo acompañaban menos ‘gypsies’ que al principio y faltó el maestro Raimundo Amador, así que el concierto transitó más por el desierto...