blog - artículos, entrevistas, reportajes y crónica de marta jiménez

DISPAROS CRUZADOS





























«Cantar es disparar contra el olvido», según el ripio de Sabina. Ni quinientas palabras más. El de Úbeda lo soltó de pronto, en uno de sus monólogos en verso con La Axerquía al frente, una gran luna naranja detrás y Serrat en el camerino. El flaco estaba en medio de un escenario apabullante que costaba cada euro de los 50 que se habían pagado por entrada, y ese verso suelto se convirtió en la declaración de intenciones al por qué una nueva gira conjunta de estas dos vacas sagradas de la canción en español: por miedo y por defenderse de él celebrando la amistad. A ambos les sobran los motivos. La gracia estuvo en la vigencia añadida que estos “Dos pájaros contraatacan” posee de forma colateral: que si la metáfora del Titanic que se hunde, como casi todo en la vida, con una orquesta que sigue tocando hasta el final; cómo las canciones que llevamos en el equipaje se convierten en protectoras ante los icebergs en mitad del océano o, sobre todo, el hecho de que dos sesentones estén de gira por un país en el que empieza a eternizarse la edad de  jubilación.

Todo comenzó con dos pajarracos animados, a lo Rockefeller pero con acento de Le Luthier, encargados de dar una bienvenida socarrona justo antes de que explotara el súper escenario a lo Broadway. Con bombín y bastón, Sabina y Serrat bajaron la escalinata como dos cabareteras, rodeados de músicos de la escudería de cada cual. Algo parecido a aquella orquesta de Wallace Hartley en el Titanic. la fatídica noche de abril de hace un siglo, con Ricardo Miralles, Antonio García de Diego, “Kitflus” o Pancho Varona junto a seis músicos más, quienes no dejaron de alegrar durante casi tres horas a los pasajeros del teatro al aire libre con sus melodías. La primera ya fue fuego cruzado: ‘Ocupen su localidad/Hoy puede ser un gran día’, dos temas ochenteros de cada cual que se confundían en la voz del otro. Un guiño a la conexión musical y emocional de este ‘matrimonio’ de compositores tan bien avenido como de su padre y de su madre es cada uno. Justo el motor del barco.

A golpe de cambio de vestuario, de batallitas monologadas bien guionizadas con momentos de gran comicidad y otros de vergonzoso tufillo machista, verso a verso deshojaron canciones de ‘La orquesta del Titanic’ y tiraron de la maleta. ‘Y sin embargo’, ‘Esos locos bajitos’, ‘Noche de bodas’ o ‘Para la libertad’ fueron algunas de las muchas. Con ellas, estos músicos son capaces de conseguir que hasta cargos del PP entonen versos de Machado. Canciones que poseen la virtud de cruzar cualquier océano y derretir todos los icebergs a su paso. Un crucero varado en La Axerquía que estuvo bien lejos de encallar en Terranova gracias a estos dos músicos, tan polizontes como ‘emergentes’, y que logró atracar de madrugada junto al Guadalquivir.

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