blog - artículos, entrevistas, reportajes y crónica de marta jiménez

Fatalidad

 

 

 

En el fondo, Córdoba es una ciudad feliz. De las que te sigue sorprendiendo y te da las gracias una y otra vez después de que la hayan pisoteado 

Marta JiménezMarta Jiménez@radiomarta

Ignoro de donde viene tanta fatalidad cordobesa. Pero me fascina. ¿De un sentido de la dignidad mal entendido? ¿Será fruto de la bipolaridad que va del arrebato a la indolencia? ¿De la falta de acción? El colectivo Luneados lo clavó en su proyecto ‘Amo Córdoba/Odio Córdoba’: «Se puede amar una ciudad sin haberla visitado nunca. Pero para odiarla, tienes que haber vivido en ella». Amén. Tan enconado se ha puesto últimamente el asunto que una siente que ha de pedir perdón por meterse en laberintos hiperlocales en esta mansa algarabía. Ni de lejos pienso hacerlo. Solo advertir que por ellos seguiré perdiéndome hasta el infinito durante este curso, eso sí, varios peldaños por debajo del amor y del odio. No ‘more’ dramas.

Es lo que tiene saberse localizada en esta nuestra globalidad y que muchos empiecen a percibir esa gran oportunidad de ser antilocalistas y antiprovincianos desde dentro. De redefinir el espacio local y dejar de percibirlo como una regresión. De arrinconar a los villanos -brindo por ello- y proteger a nuestras voces que miran al mundo y que son las que se oirán fuera de aquí. Tanto movimiento sísmico y tanta hiperconexión pueden hacerlo posible de la forma más asequible. O lo aprovechamos o seguimos achacando tanto fatalismo al eterno desastre de haber nacido para no tener suerte nunca.

En el fondo, Córdoba es una ciudad feliz. De las que te sigue sorprendiendo y te da las gracias una y otra vez después de que la hayan pisoteado. Un lugar que no para de vibrar por tanta fuerza escondida. Como sigo creyendo que la cultura es la más útil herramienta para edificar una ciudad o un país y el barómetro que marca su grandeza o descenso, esta seguirá siendo la estrella invitada de este pequeño espacio hiperlocal. Lo único que puede cambiar en pocos años la sensibilidad de un pueblo en el que «las pezuñas siguen sustituyendo a las alas». Pero todo puede cambiar. Damos vueltas en un bucle. Hola de nuevo.

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