blog - artículos, entrevistas, reportajes y crónica de marta jiménez

ALEGRÍA, ARTE, BELLEZA





























Erase una mujer a una peineta pegada, érase una peineta superlativa, la peineta infinita que nunca para de evolucionar. Martirio nació con la llegada de la primavera, justo el Día de la Poesía. Por eso vino el sábado a cantar a poetas iberoamericanos a Córdoba. A rendirse ante el amor profundo, el amor ardiente, el amor tirano, como decía Góngora. El teatro que lleva el nombre del poeta a una nariz pegado sirvió de caja acústica y decorado para la cantante onubense. Aunque el verdadero amor, al público, a las canciones y a la vida lo regaló ella en plena jornada de reflexión.

Con los terremotos emocionales que la cantante lleva a cuestas y un auditorio con buen oído para el verso, Martirio reivindicó la poesía como pan para el alma paseando con su inquebrantable voz por Chile, Uruguay, México, Cuba, Lorca o Calderón al son de una guitarra, un piano y un tres cubano. Las manos de Jesús Lavilla mecieron las teclas en clave jazzística y Raúl Rodríguez rasgó el aire con sus guitarras por las composiciones de José María Vitier. Contra este tiempo terrible para la gente sensible repartieron su receta: alegría, arte y belleza. Con un invitado estrella, Vicente Núñez –quien fue amigo de la cantante vía Ginés Liébana– y un homenaje al aguilarense en A lo divino recordamos que habiendo arte no nos vamos a amargar nunca.
El buen hacer de la artista, su impecable forma de decir los textos, de cantarlos, su voz serena, imprimiendo a cada estrofa la justa intención y su gracia al dirigirse al respetable desembocaron, cómo no, en coplas. Esos recuerdos del pasado con olores y paisajes, un tesoro de la música popular que Martirio ha acoplado tan bien a su repertorio, descubriéndolo a una generación que no creció ni con Marifé de Triana ni con la Piquer.
Qué bien cuenta La bien pagá y cómo se desnuda y se desdobla en Ojos verdes . Las sonrisas volvieron con esas sevillanas que sólo ella sabe bordar, Las mil calorías y con el pasodoble Compuesta y sin novio . Y para acabar, un tango rioplatense: Volver ,...

FUEL POLÍGONO









































Qué te parece Fuel Fandango, pregunto a mi acompañante al concierto camino de Chinales. «Una cosa mu rara», responde. El sabio adjetivo sintetiza una conquista sonora. La invención de un sonido nuevo –¡en estos tiempos!– que conecta a una coplera soul con bases electrónicas de gran finezza . Escucharlos es dejar que la vida te sorprenda y verlos en concierto un escalón más. La gasolina de su directo volvió a repostar el viernes en la tierra de Nita, el fandago de este fuel, con un concierto en la sala Metrópolis en el que el nervio de su puesta en escena compensó los nervios de un sonido problemático. Misterios indescifrables de la tecnología.
Abanicos y flores. Sonido de fandango en el que se cruza una base drum and bass . Nita, cordobesa y con media familia en la sala la noche del viernes, aparece en el escenario con un look mitad geisha mitad pin up . El estilo de la cantante es una metáfora del propio sonido del dúo, mezclas de tocino y velocidad que funcionan como si siempre hubieran formado parte del universo. Puede que ese sea la clave de que no cupiera un alfiler ni en Córdoba ni en la Caracol de Madrid hace unos días. El canario Ale –exMojo Project– y la cordobesa pertenecen a la generación inmediatamente posterior a aquella que tuvo amnesia del flamenco. Y aunque seguro que ellos también fueron bombardeados con música anglosajona desde pequeños, han pasado de rebelarse contra lo que escuchaban sus padres y abuelos. Simplemente han cruzado aquello y esto como si fuera la cosa más natural del mundo. Se han sacudido los complejos y lo han visto claro. El resultado es algo nada impostado que nació con vocación underground y...

CABARET POP




























She’s not coming home tonight (ella no volverá a casa esta noche). Estas fueron las primeras palabras entonadas por la expresiva voz de Russian Red en Córdoba. Esa noche, la del sábado, dormiría en la ciudad en la que hace tres años grabó su primer y exitoso disco, I love your glasses. Por aquel entonces, amaba técnicamente las gafas de Fernando Vacas y callejeaba por el Juramento sin ni siquiera saber que existía el teatro que la acogió en el Festival de la Guitarra. Tras romper con el sello cordobés Eureka -demasiado pequeño para un tsunami Indie como ella- pasó del amor al odio de unos pocos y a brillar de éxito hasta su segundo disco, “Fuerteventura”, que adora por encima del primero. Como decía ese primer tema del concierto “The memory is cruel”.

Mientras, en la platea se le caía la baba al público más rejuvenecido del Festival en años, Placebo mediante. Había flequillos, gafas de pasta, Converses y deseo de minis de cerveza. La pluscuamperfecta RR apareció vestida de azul PP bajo un luminoso de color pintalabios en mitad de un cabaret pop. A su delicada voz la acompañaban cuatro músicos jóvenes, preparados y vestidos de boda vintage, que también lo dieron todo en los coros.

El resultado: Sonido retro muy elaborado. Estética de los 50. Detalles sonoros impecables y preciosistas. Calor y color en los gorgoritos de una...

MEDIA DE CALAMARO




























Calamaro no es una persona cualquiera. Y tiene noches y noches. La de Córdoba empezó con una broma. A las 23 horas, media hora antes de su concierto, el comandante del rock hispano subía a su Twitter una imagen en la que se veían solo sus botas paramilitares posando ante el espejo del camerino de La Axerquía. Firmaba como AAA, las siglas de la Alianza Anticomunista Argentina que asesinó a cientos de guerrilleros y políticos de izquierdas en los 70, mientras se dedicaba a amenazar a artistas e intelectuales.
Intuyo que el humor negro viene por su reciente abdicación de la izquierda, a raíz de que ésta defendiese la prohibición de la tauromaquia en Cataluña. O tal vez, de haberse presentado voluntario para defender a Teddy Bautista y comparar la intervención policial en la Sociedad General de Autores y Editores con el 23-F. Sea lo que sea, tanto ruido de fondo desenfoca su directo. Tanta política no deja que sus canciones detengan el tiempo. Al menos, el de su noche cordobesa en «el festival nasional de guitarras» (sic) en el que no cortó ni orejas ni rabo.
Ninguna justicia le hizo tampoco su concierto de hace tres años en el mismo lugar pero en otro festival, Eutopía. Si entonces la calificación fue de notable, la de anteayer se quedó en un aprobadillo y pasando la mano. Calamaro desafinó por peteneras, sonó a tómbola y la energía que desprendía el escenario fue más de plástico que de verdad. Puede que en el fervor de los fans a pie de escenario la cosa se diluyera, pero tomando distancias el padre de Honestidad brutal no estuvo a la altura, por ejemplo, de las canciones de ese disco. De allí sonaron Cuando te conocíPaloma  [addtoany]

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