blog - artículos, entrevistas, reportajes y crónica de marta jiménez

EN BLANCO














Sonaba raro por el descompás. Cuando cayó la primavera intuimos que con ella caería la Noche Blanca del Flamenco, cita de la que nadie decía esta boca es mía. Normal: no había un euro. Pero de repente, llega el anuncio: Kiko Veneno, Duquende, Tomatito, Estrella Morente y muchos más. Ole. Flamencos de altura en el firmamento de una gran noche al raso y al compás, cuya edición 2012 enlaza con la primera que acogió la ciudad -en junio del 2008- por su homenaje a Camarón.

Sonó más raro aún cuando un cobarde negro sobre blanco en un ‘email’, una nota en donde no se mira a los ojos de nadie, anunciaba que ya estaban «a la venta» las entradas para Estrella Morente en la Axerquía. Ole. Un titular sin mucha más explicación que hace caer de un plumazo La Noche Blanca del Flamenco en Córdoba al excluirla de la espiral europea de Noches en Blanco, que llenan de actividades culturales y gratuitas una ciudad durante toda una noche. Nos podrá gustar más o menos el concepto de gran banquete por unas horas y dieta el resto del año, pero Córdoba había creado con ella una marca con duende en la filosofía...

UN BAÑISTA



El hombre río se mecía tranquilamente flotando sobre las aguas del Guadalquivir. El bañista –la nueva escultura espontánea de Miraflores, ese lugar- es su antítesis: está en tensión, activado y pillado justo en el momento de lanzarse al agua, sin importarle si el río lleva mucha o poca. Ambas acciones artísticas son la metáfora de una ciudad en dos tiempos. Las dos esculturas conforman la repuesta del arte callejero a la parte más institucional y alejada de la realidad de esta ciudad. La que prefiere coronar vírgenes y entregar trofeos de dominó (ambos actos en la agenda de los políticos este fin de semana), antes que pisar el suelo real de 2012.


Como el bañista, Córdoba puede vestir un traje de baño de principios del siglo XX, pero irremediablemente ha tomado la decisión de tirarse a un agua que quién sabe dónde la arrastrará. Baste ver a los estudiantes esta semana tomando el Ayuntamiento, encerrarse en Filosofía y Letras o la actitud ciudadana de Córdoba en el aniversario del 15M. Nino y Javi, los dos hermanos argentinos papás de este bañista hiperrealista, se introdujeron en Córdoba hará unos diez años pintando murales en casas de la Magdalena. Desde entonces, han mirado a la ciudad con sus ojos del otro lado del charco y no han podido dar más en el clavo, por mucho que su pretensión no fuera esa.

El bañista está hecho de poliéster y poliuretano, pero posee una base de hierro. Como Córdoba. Reconstruida con espuma y plástico aunque con un subsuelo físico y espiritual que es cuna del humanismo Europeo. La ciudad ya le ha cogido cariño, puede que por su frescura ante el calor, aunque el temor está en que, como la escultura, Córdoba se quede congelada como en otras tantas ocasiones. Eso sí, quién más miedo ha demostrado es el alcalde queriendo encerrar al bañista en un museo o similar. Justo por lo que éste se ha revelado tan simbólico.

EL LABERINTO

Es viernes y anochece. Jota, un perro de la Judería, nos lleva sin rumbo a ninguna y a todas partes. Sentimos el picor del polen en la garganta. Es Córdoba, es mayo, hay patios y hay pesimismo. Pero también hay sorpresas a la vuelta de la esquina. La primera, doblando la de Rey Heredia con Osio. Una herida en una puerta blanca desvela un nuevo patio de mi casa. Varios, en realidad, que son la mirada contemporánea de dos mujeres, Rosa Lara y Marga Merino -arquitecta y artista- sobre dicho concepto espacial: un jardín vertical, una celosía y unas rejas artísticas. Más allá, en otro patio, un estanque en la pared y en un tercero, aparece el ‘pozo de los deseos enjaulados’. Ambas aguardan a que broten flores blancas y a que haya sombra, la que darán toldos artísticos y bóvedas de glicinias para cobijar a todos los palos del flamenco. Es un patio público, se entra por Rey Heredia 22 y ya cuenta como nuevo espacio para la cultura.
Callejeando hacia poniente, nos llega la brisa de trece miradas a la Capilla de San Bartolomé. Ese deslumbrante espacio mudéjar, que durante años se creyó mezquita de Almanzor, lo han fotografiado 13 mujeres llenando las bóvedas de ojos. El martes habrá jazz para celebrarlo: guitarra y voz rebotando en sus geométricos azulejos. Ojos mirando a los ojos que miraron las intervenciones en la capilla.

Al sur, viendo los árboles y el río, entramos en el Laberinto. Huele a como huelen las letras impresas hace siglos. Hay libros de cine, de la república y de la guerra, colecciones completas, muchas ediciones de clásicos como El Quijote o Hamlet, cómics y libros diminutos. Una librería suspendida en el tiempo que mira hacia el mismo lugar que el muro de la quibla. Un espacio tan real como los anteriores que descubre cómo solo en el laberinto que existe alrededor de la Mezquita, Córdoba se mueve con pequeños grandes pasos. Aunque sean lentos, aunque la    ciudad parezca que bosteza, revelan como ficticio que esto sea la nada cultural. Pese a todo.



LA PLAZA DEL PUEBLO






































La invitación es a tomar la plaza. Eso que da tanto miedo ahora depende de para qué. Si a uno le van las cruces o es caracolero puede estar tranquilo porque quedará libre de sospecha. Pero si lo que le apetece es activar las neuronas y el arte cantando, danzando, recitando o haciendo una performance se la jugará ahogado en permisos, tasas municipales y requisitos inverosímiles. Pero aun existe quien domina al miedo con inteligencia cultural, entre ellos la plataforma ciudadana ‘Emplazarte’. Un grupo de personas que se hacen humanas en las esquinas reclamando cultura desde la base y la libertad. Ellos son la calle. Ellos son la resistencia a la nada.

Lo más bonito de su plan, además del momento y del lugar, es el juego de pistas que proponen para encontrar la plaza que emplazan. Dejando miguitas de pan en las redes sociales: “demasiado dolor para una calle (…) en la que podremos descansar en la...