blog - artículos, entrevistas, reportajes y crónica de marta jiménez

Jacinto Lara: “Córdoba duele mucho. A lo mejor por eso te atrapa”

Marta JiménezMarta Jiménez@radiomarta

Jacinto vive en El Quiñón. Otro de esos espacios míticos y alternativos de la historia reciente de la ciudad, ahora reconvertido en una pequeña comunidad. En ella conviven de forma cercana hombres, mujeres, niños, gatos y perros entre un vergel de huertos y árboles, más actividades como yoga y meditación. La antigua sala de Tai-chi del centro alternativo es hoy el hogar y el taller de uno de los más interesantes artistas de la ciudad, Jacinto Lara (Fernán Núñez, 1953).

En el porche, junto al jazmín y la buganvilla, cuelga una señal con la leyenda “centro ciudad” que apunta hacia el cielo. Dentro, al entrar a su taller, se traspasa una puerta blanca llena de letras negras: “En esta casa somos reales, cometemos errores, decimos lo siento, damos segundas oportunidades, lo pasamos bien, damos abrazos, nos disculpamos, hacemos ruido, tenemos paciencia, nos queremos”. La información precisa para quien traspasa el umbral de que entra en casa de buena familia.

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Hexágonos

Recuerdo a sus arquitectos, Nieto y Sobejano, contar en su día que el espacio permitiría invitar al artista a intervenirlo

Marta JiménezMarta Jiménez@radiomarta

El hexágono, en simbología, representa el perpetuo movimiento de la creación. Algo así como el camino que siguen los procesos permanentes de renovación a través de la transformación y el cambio. Es el hexágono o morir. Esa debería ser nuestra máxima. Sin embargo, aquí y ahora los jaramagos crecen a sus anchas alrededor del edificio hexagonal y blanco llamado a convertirse en nuestra seña de identidad más aérea, la menos ligada a la tierra. En lo que sería la institución de la ciudad más alejada del siglo XIX.

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LA COLMENA (2)





































Decíamos ayer, a propósito del edificio antes conocido como C4, que los ambiciosos proyectos del pasado ahora requieren de más imaginación, innovación y de una vuelta a la base. Y es que no hay mal que por bien no venga. Con esta filosofía genérica, aunque también con un chaparrón de euros, se comenzó a construir el edificio de Nieto y Sobejano a la orilla del Guadalquivir con la feliz idea de que entre sus paredes ocurriese una revolución artística: convertirlo en un laboratorio colaborativo reflejo de la complejidad estética actual. Algo en la línea con lo que reivindicaba el artista alemán Joseph Beuys con su teoría de la soziale plastik, en la que «todo hombre es un artista».


Sin Beuys no se entendería la Documenta de Kassel. Un significativo e inclasificable encuentro de arte contemporáneo que sucede cada lustro desde los años 50 (este año toca y tiene lugar hasta septiembre) y que resucitó en su día esta bella ciudad alemana. Kassel, unos 100.000 habitantes más pequeña que Córdoba, fue arrasada por los bombardeos aliados durante la II Guerra Mundial y volvió a renacer poco a poco, en buena medida también de la mano de la Documenta. La cita nació para reivindicar el valor democrático del arte contemporáneo, el mismo que los nazis tachaban de degenerado.

60 años después y sin ningún bombardeo físico sobre Córdoba, aquí seguimos dando vueltas en torno a cómo renacer. Si hace un año la cultura nos salvaría, ahora se le da esquinazo para creer en el turismo de congresos sobre todas las cosas. La ilógica es sostener que hasta aquí llegan miles de turistas cada año buscando congresos por encima de cultura. Y así las cosas, el último insulto que ha recibido este edificio creado para crear es proponerlo como futuro centro de congresos. Lo peor no es eso, si no que la idea viene del Colegio de Arquitectos de Córdoba, quienes no han debido entender a sus colegas Nieto y Sobejano cuando hablaban de conseguir múltiples variaciones para este edificio. Con ello se referían a la flexibilidad que debía tener el centro en torno a la creación artística. No al tocino y a la velocidad.

LA COLMENA (I)







































El edificio antes conocido como C4 –nacido como una panal blanco a esta orilla del Guadalquivir- representa, como en la novela de Cela, la colmena de una ciudad que vive “una mañana eternamente repetida”. Hasta llegar a su tecnológica fachada-pantalla se partió de una secuencia geométrica muy sencilla “con la que se consiguen múltiples variaciones”, en palabras de uno de sus arquitectos, Enrique Sobejano. Lástima que esta teoría arquitectónica aun no se haya aplicado al contenido y al uso que tendrá el edificio.

La lucha porque la colección Citoler se quede a vivir en Córdoba ha sido muy estimulante durante los últimos años, pero mucho me temo que ahora carece de sentido al haberse configurado, para bien o para mal, una nueva época. Si concebimos como un disparate los 20 millones de euros invertidos en este edificio de futuro ¿cultural? incierto, no se debería cometer otro invirtiendo un pico que no tenemos en una colección de arte. Nos corresponde sustituir las lluvias de dinero de ayer por conductas más innovadoras y sostenibles. Y no es de recibo que en esta realidad sin fondos para mantener la sala de Puerta Nueva, en donde precisamente se exponían los premios de fotografía que llevan el nombre de Pilar Citoler, se invierta el dinero que no existe en las obras de arte de la coleccionista. Además, está demasiado cerca, salvando las distancias, un caso de características similares: el del ambicioso Museo Carmen Thyssen de Málaga. Una colección, con su correspondiente museo en el centro de la capital, que ha defraudado por su recorte de calidad expositiva, por una tibia acogida y una opaca gestión que ahora suma la desconfianza en una baronesa sin cashque pretende recuperar el uso de sus cuadros antes de lo que prometió.